Los estudiosos señalan como ejes en las victorias de El Cid su enorme capacidad de liderazgo, sabiendo mantener unidos y estimulados a sus hombres; su habilidad como intendente (pagaba y mantenía alimentadas a sus tropas); su habilidad política, al negociar con posibles enemigos y su experticia como estratega, al adaptarse y aprender de sus enemigos.
Pero más allá de esas habilidades políticas y estratégicas, el Cid representa los más nobles ideales del héroe caballeresco. Fortaleza, honor, arrojo, valentía. Ideales y mística que traspasaron la historia en los versos copiados –o escritos- por Per Abbat en 1207.
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